—Uf… —gimió.
Mañana tenía que comprar un vestido para su primer día. Revisó su bolso y solo tenía un poco de dinero en efectivo. No sería suficiente para comprar algo elegante.
Tomó el teléfono y llamó a Clara, quien respondió al primer timbre.
—Hola, Clara.
—Camila, ¿ya llegaste a casa? —preguntó Clara desde el otro lado de la línea. Parecía que la llamada la había despertado.
—Sí, ¿y adivina qué? —dijo Camila con entusiasmo.
—¿Qué? —preguntó Clara, todavía adormilada.
—¡Conseguí un tra