Alexander llamó a Philip desde su casa. Philip contestó al primer timbrazo.
—Hola, señor.
—Philip, cancela toda mi agenda de hoy.
—Está bien, señor.
—Además, te envié un correo electrónico. Revísalo y envía el archivo al señor Daniel.
—Entendido, señor.
Alexander terminó la llamada y se dio la vuelta. Camila lo estaba mirando fijamente.
—¿Qué? —preguntó, metiendo ambas manos en los bolsillos.
—Parece que hoy no vas a trabajar —dijo ella, acercándose.
—¿Y eso qué tiene que ver contigo?