—Nick… —dijo Camila, rodeando sus hombros como una hermana menor suplicante—. ¿Qué tengo que hacer para que me perdones?
Nick apartó sus manos y la miró fijamente.
—Solo vete a casa y evítame durante una semana. Entonces, quizá te perdone.
—Nick, eso no es cierto —respondió ella haciendo un puchero—. Estás enojado conmigo, puedo verlo en tu cara… y alejarme no va a ayudar.
Su mirada se desvió hacia la pantalla.
—Oh, fútbol… recuerdo haberte ganado en este juego —añadió, señalando.
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