65.
ASHER
En cuanto entro en la sala de juntas, el ambiente me golpea de lleno.
Hay más de veinte personas esperando mi llegada. Los directores de cada departamento ocupan sus lugares alrededor de la enorme mesa de madera, mientras los abogados revisan documentos impresos y el equipo de informática proyecta en una pantalla los servidores afectados. Nadie habla. Todos me observan como si esperaran que, por el simple hecho de entrar, tuviera una solución para un problema que amenaza con llevarse años