Capítulo 29. Dolorosa verdad.
Gary escuchó atento todo lo que se decía en la sala privada, no podía creer que este tipo de negocios tuviera lugar en su discoteca, aunque, en una ocasión había sido advertido, jamás creyó que Paul fuera capaz de tanto.
Los puños de Gary se apretaron con fuerza y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras escuchaba cada maldita palabra que se decía. No tenía idea de quién se había encargado de hacer llegar el audio y no le interesaba, en ese momento solo quería escuchar la verdad, que, de una u