Capitulo 39

Mía Miller

​La adrenalina del relato de Alan aún corría por mis venas, mezclándose con un agotamiento emocional que me hacía sentir como si estuviera hecha de cristal a punto de romperse. El peso de la tobillera en mi pierna seguía allí, una mancha negra en mi piel, pero el calor de Alan, su cercanía y la ferocidad con la que me reclamaba como suya, estaban empezando a obrar un milagro en mi mente. Ya no me sentía solo como una acusada; me sentía como una mujer protegida por un dios oscuro.

​—E
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