Ella cayó junto con su arma, aunque esta última rodó unos metros lejos por el golpe, de inmediato la tomé entre mis brazos, comenzó a toser, la sangre salpicaba mi ropa a medida que ella tosía mientras sus prendas seguían tiñéndose de rojo por la hemorragia, mis manos sintieron al instante aquel líquido viscoso y tibio apenas la sostuve. No pude evitar comenzar a llorar y a casi gritar desesperadamente al tiempo que una ola de disparos se escuchaba afuera, justo al frente del edificio, el lugar