Sally saltó sobre los brazos de Bruce al verlo entrar en su oficina, llevaba días sin saber de él porque estaba de viaje, y en su regreso le volvió la felicidad al cuerpo.
—¡Te extrañé! —expresó ella.
—Yo igual, preciosa. ¿Cómo te va aquí en esta empresa? ¿Y cómo vas con esos planes? —lo invitó a tomar un asiento mientras le sirvió un trago.
—Muy bien, mi hermana está que revienta de odio, y Brent, lo tengo comiendo de mi mano, lo he seducido como me ensañaste, hago que sus pelotas le duelan po