Matías Díaz
—¿Qué piensas hacer? —pregunta mi esposa al verme caminar de un lado a otro de mi despacho.
—No tengo la mínima idea. Le dejé claro al idiota de Michael que no pienso regresarle su inversión, ni darle las ganancias que haya generado el negocio. Sé muy bien que eso solo son patadas de ahogado, pues lo que viene después es algo que no sé si podré soportarlo. Tengo ahorros, pero no son suficientes para cubrir los gastos que se generarán de hacerlo por mi propia cuenta.
—¿Tere ya lo sab