Flor Pérez
—¡Mami! ¡Mami! ¡Es el abuelo!
—¡El abuelo! ¿Qué hace aquí el abuelo? ¡Ya no nos había visitado!
Siento un escalofrío recorrer todo mi cuerpo, precisamente ahora que Christian no estaba en casa; este hombre aparecía.
—Mis niños, necesito que se vayan a sus habitaciones, por favor, no salgan de ahí hasta que yo se los diga.
—¡Pero, mami! —replica Samy, pues desconoce el peligro en el que nos encontramos.
—¡Obedece, Samy! ¡Vayan a su habitación!
Acto seguido, escucho cómo toca el timbre