La voz del dolor.
Litzy no podía quitar la mirada de sobre Mónic, estaban sentadas una junta a la otra en completo silencio, ambas encadenadas de pies y manos sobre una pequeña cama. Jhon las había dejado allí por petición de Mónic quien ahora parecía estar adquiriendo un poder casi sobre natural sobre el hombre.
— No puedo creer que le pidieras que me matara — hablo finalmente Litzy, interrumpiendo el incómodo silencio que se había cernido entre las dos. Sus ojos estaban rojos de tanto llorar presa del pánico p