DARIAN
El sol aún no despuntaba cuando bajé las escaleras. En el comedor principal, la gran mesa de roble ya estaba cubierta con jarras de café negro, pan recién horneado y los mapas desplegados de las fronteras norteñas.
Aiden, Kai y Elena ya estaban sentados a la mesa, mientras Kaia terminaba de ajustar los informes. En cuanto entré a la estancia, los cuatro levantaron la mirada al unísono. Aiden me dedicó una sonrisa de lado, sosteniendo su taza con extrema lentitud.
—Buenos días, mi Alfa —s