DARIANVerla marcharse en cuatro patas, con ese pelaje plateado brillando bajo la luz matutina, no calmó a la fiera dentro de mí. Solo la encendió más.Antes de que pudiera transformarme, la imagen de la humana se quedó grabada a fuego en mi mente. Dioses, Lyra era una obra de arte tallada en fuego. No había rincón de su cuerpo que no fuera perfecto: la curva suave de sus caderas, la firmeza de su cintura, la tentadora lancha de su espalda y el perfil exquisito de sus pechos erizados por el frío de la mañana. Durante diez años la había visto envuelta en uniformes, trajes o vestidos de fiesta, pero verla desnuda, salvaje y desprotegida ante mí... me había destruido cualquier atisbo de cordura.«Es hermosa», rugió Fenrir, sacudiendo mi consciencia con una fuerza volcánica. «Nuestra hembra. Nuestra Luna. La única».«Sí...», admití por primera vez en mi vida, sin pelear, sin orgullo, dejando que mi propia mente se rindiera a la evidencia. «Lo es».Fenrir no esperó permiso. El cambio fue i
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