DARIAN
El fuego de la chimenea ya se había reducido a brasas rojas cuando nuestras respiraciones finalmente recuperaron un compás tranquilo.
Lyra yacía sobre mi pecho, con la sábana de lino cubriéndonos hasta la cintura y la cabeza apoyada justo encima de mi corazón. El aroma a sexo sagrado, a piel tibia y al almizcle dulce de nuestro amor llenaba cada rincón de mi habitación con una paz que jamás había experimentado.
Le acaricié la espalda con la yema de los dedos, siguiendo la línea de su col