DARIAN
La gran cocina de la casa principal de Nightbane olía a pan recién horneado, tocino crujiente y café amargo. Era un ambiente atípicamente tranquilo para la sede de un Alfa, con la luz dorada de la mañana filtrándose por las ventanas de madera y el calor de los fogones llenando el espacio.
En la mesa larga de roble estábamos reunidos los seis: Lyra y yo en la cabecera, y los cuatro Betas a los lados.
Cualquiera diría que tras haber sellado el lazo divino y tener a un enemigo acorralado en