DARIAN
Ver la firma de Lyra junto a la mía en los documentos de los suministros médicos de los hospitales me producía una satisfacción extraña.
Eran exactamente las diez y diez de la mañana. Había llegado diez minutos tarde a mi propio despacho a propósito, solo para ver cómo se le marcaba esa arruga encantadora en el entrecejo mientras esperaba. Y, como era de esperarse, los primeros cinco minutos de la reunión se fueron en una reprimenda impecable sobre la puntualidad.
—Si ya terminaste de da