DARIAN
Tenerla atrapada debajo de mí, con el rostro sucio de tierra, los ojos verdes echando chispas y los pechos subiendo y bajando por la respiración agitada, era una prueba directa a mi fuerza de voluntad. Y cuando me clavó la rodilla en el muslo para liberarse, supe que esta mujer no iba a ceder. Nunca.
Giré sobre la tierra para amortiguar el impacto, pero en lugar de darle espacio, me impulsé hacia arriba en un solo movimiento fluído.
A nuestro alrededor, el silencio del campo de entrenami