Alma Méndez.
Estaba paralizada por la frialdad en los ojos de Marko, su silencio era más elocuente que mil palabras. Sentí como si el mundo se desmoronara a mi alrededor, incapaz de comprender cómo Mauro pudo difamarme de esa manera. No había hecho nada para merecer tal traición.
Me invadía un torbellino de emociones. No podía creer que Mauro me hubiera utilizado tan despiadadamente, manipulándome como un títere en su venganza contra su propio hermano. Y lo peor de todo, había cruzado la línea