Proseguí caminando, sin rumbo fijo, hasta que la lluvia empezó a caer sobre mí, empapándome por completo. Cada gota de agua era como un recordatorio de todo lo que había sucedido, un tormento que se sumaba al caos de mis pensamientos.
El frío calaba hasta los huesos mientras las gotas golpeaban implacables mi cuerpo. Mi ropa se adhería a mí, como si formara una segunda piel, y el viento helado se colaba entre mis ropas, envolviéndome en un abrazo gélido.
Estaba perdida en mi propio mundo, atrap