Decidí refugiarme en una de las propiedades de Miguel, lejos de miradas indiscretas y de posibles peligros que acecharan a mis hijos. La seguridad era primordial, y mantenernos ocultos era la mejor opción. Nadie sabía de nuestra ubicación, ni siquiera mis familiares más cercanos, por pura precaución. No iba a permitir que nadie se interpusiera entre mis hijos y yo, incluso si eso significaba alejarnos y empezar de nuevo en un lugar desconocido.
Gabriel, afortunadamente, parecía estar adaptándos