Miguel Cervantes.
Me desperté muy desconcertado. La cabeza está a punto de estallarme. Parpadeé varias veces para adaptar mis ojos a la luz que proviene de la ventana.
Observé a mi alrededor y me percaté de que me encuentro en una cama de hospital. Llevé mis manos a mi cabeza y noté que estoy vendado.
Poco a poco comencé a recordar lo ocurrido. Esa maldita perra me golpeó y seguramente secuestró a mis hijos. Cuando logre atraparla le romperé la cara y la haré mía hasta el cansancio.
Esa zorra m