Un mes después.
Estaba acurrucada entre los fuertes brazos de Marko en una habitación de hotel. Solo llevaba puestas unas bragas, mientras que él también estaba casi desnudo. La atmósfera estaba cargada de deseo y complicidad, pero al mismo tiempo sentía una punzada de frustración por tener que mantener nuestra relación en secreto.
A pesar de mi incomodidad, comprendía por qué necesitábamos mantener nuestro encuentro en secreto. La situación era complicada y estábamos atrapados en un juego de e