Narrador
Federick se tomó la cabeza entre las manos, su grito rasgó el aire, y las lágrimas inundaron su rostro. El dolor lo invadió con una intensidad que no había experimentado desde la pérdida de su hija. Pero esta vez era peor, mucho peor, porque sabía que sus hijos estaban en manos equivocadas, atrapados en una situación de la que no podía salvarlos.
John apareció detrás de él, abrazándolo con firmeza, tratando de darle fuerza.
—La policía ya está en camino, Federick. Necesito que te ca