Capítulo 80 Un suspiro para el alma.
Narrador.
Federick se hundió en el asiento de su auto, apoyando la cabeza contra el volante. Las lágrimas cayeron con desesperación mientras trataba de calmarse, pero la confusión y el miedo lo superaban. Con las manos temblorosas, encendió el motor y arrancó de inmediato, pero conducir se sentía casi imposible. Un torrente de pensamientos caóticos invadía su mente, cada uno más oscuro y aterrador que el anterior, como si su mundo se desmoronara a su alrededor.
No podía concentrarse, ni siquie