Mi corazón latía a mil por hora, una extraña sensación se apoderó de mí, como si mi subconsciente me hubiera traicionado. Fue mucho después cuando me di cuenta de que estaba en los brazos de Federick. Abrí los ojos de golpe y me aparté bruscamente de su agarre. Me arreglé el vestido de manera torpe y me hice a un lado.
—¡Esto no puede estar pasando! —mascullé, molesta.
—¿Qué? ¿Que el elevador se haya atascado? ¿O que me hayas abrazado? —Federick susurró en medio de la oscuridad. Solo una luz te