Hyeon
Cuando Adela abandona el salón con cualquier excusa, todavía algo alterada, el silencio vuelve a adueñarse de la casa. Y, para mi sorpresa, el mal humor que arrastro desde la visita de mis primos se ha desvanecido por completo, como si nunca hubiera existido.
Suspiro.
¿Qué demonios me está pasando?
Hace apenas unas semanas, la idea de compartir mi espacio con otra persona me habría resultado insoportable. Fui yo quien la obligó a venir aquí, a vivir conmigo. Me repetía que solo q