SAMUEL
El timbre sonó al mediodía.
Me levanté con pereza, arrastrando los pies hasta la puerta. Abrí sin mirar por la mirilla, y ahí estaba Lucas. Con una bolsa de comida en una mano y una expresión que mezclaba preocupación y culpa.
—Pasé a ver cómo estabas —dijo, con voz cautelosa.
—¿Después de que le enviaras a Sofía una falsa invitación para que viniera? —apoyé el hombro en el marco de la puerta, bloqueando la entrada—. ¿En qué estabas pensando?
Lucas suspiró, resignado.
—Eh… ¿puedo pasar?