SAMUEL
Valeria se da la vuelta. Su vestido blanco gira con ella como un torbellino de encaje y seda. Cierra los ojos. Respira hondo. El aire salado llena sus pulmones. La brisa marina le acaricia el rostro. Y lanza el ramo hacia atrás con todas sus fuerzas, como si estuviera lanzando también una oración, un deseo, una promesa.
El ramo vuela por el aire. Las flores blancas se desprenden de su tallo y bailan en el viento como pequeños ángeles fugaces. Describe un arco perfecto contra el cielo est