VALERIA
Unos días después el juicio llegó. El cielo de Cartagena se había cubierto de nubes densas, como si hasta la naturaleza quisiera vestirse de luto para la ocasión. Me levanté temprano, mucho antes de que el sol intentara asomarse entre las rendijas de las cortinas. Samuel estaba a mi lado, dormido. Por un instante, quise quedarme en la cama, abrazada a él, fingiendo que este día no existía. Pero la realidad me esperaba afuera, y no podía esconderme de ella.
Unas horas más tarde, Samuel m