VALERIA
La doctora sale. La puerta queda abierta. Escucho las voces de Samuel, la mi padre y la de la doctora, diciendo algo que no alcanzo a entender.
Y entonces entran. Se acercan a la cama con pasos lentos.
—Sé que fui envenenada. Pero no recuerdo más. Solo fragmentos.
—No hace falta que recuerdes todo —dice papá, sentándose al otro lado de la cama—. Lo importante es que estás viva. Que estás aquí. Que vas a estar bien.
—¿Damián? —pregunto otra vez, y el nombre me quema la lengua—. ¿Dónde es