Eso también lo relajó más.
Ese aspecto también era una de las razones por las que él se aferraba a María y nunca la soltaba. Su pureza lo envolvía y lo sumergía sin restricciones.
—No, no quiero.
María no tuvo tiempo de reaccionar, miró con los ojos bien abiertos mientras su gran mano se posaba en su rostro, completamente envuelto, cautivado por él en diversas formas, avergonzada, con ambas manos tratando de empujar su amplio pecho para apartarlo.
Sin embargo, la diferencia de fuerza entre las d