Durante dos días seguidos, María no pudo conciliar el sueño debido a que pensaba constantemente en Manuel. Aunque podía negarlo con palabras, su corazón era mucho más sincero y ya había admitido que le gustaba, incluso que estaba enamorada de ese hombre malo y dominante que tenía frente a ella.
La falta de sueño la dejó agotada, y cuando miraba en la dirección de él, su mirada estaba un poco borrosa y mareada. Con su apariencia inocente y tierna, recostada en el asiento, con los ojos entreabiert