A la una de la madrugada, en la suite VIP del último piso en el bar Nocturno Encanto.
El hombre de aspecto fascinante, con una figura imponente, se hundió profundamente en el suave sofá de cuero. Con una expresión fría y penetrante, había estado allí durante casi una hora, bebiendo copa tras copa sin decir una palabra.
Luis frunció el ceño y, con una voz suave y preocupada, dijo: —Manuel, sé que estás de mal humor, pero beber en exceso puede ser perjudicial para la salud. Deberías parar ya.
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