El coche se detuvo frente a una mansión en las afueras de Aurelia.
En la parte superior de la puerta de arco, decorada con una variedad de flores, se esculpieron tres palabras que parecían bailando: «Jardín de Aromas». Las luces de neón parpadeaban y las tres palabras ondeaban al viento, creando una escena encantadora.
María nunca había imaginado que Aurelia tuviera un lugar tan hermoso. Bajó la ventanilla y exclamó asombrada: —¡Es muy hermoso!
Al escuchar su admiración, Manuel apartó la mirada