—Manuel, ¡realmente eres tú!
Aunque le estaba reprendiendo, ella podía percibir un temblor incontenible en su profunda voz, y la prisa en sus pasos revelaba una preocupación intensa.
La mirada de María se quedó fija en él, y una leve sonrisa se formó en sus labios.
De repente, se dio cuenta de que detrás de él estaba una fila de jóvenes agentes vestidos con uniformes de camuflaje, cada uno sostenía una linterna y una pistola negra. Cuando los miró, todos afirmaron cortésmente hacia ella y entrar