—Manuel sabía besar muy bien, y aunque María claramente debía detestarlo, su cuerpo no podía evitar temblar, e incluso él despertaba los deseos más profundos de su interior...
María se sintió avergonzada y molesta, y bajo una extrema vergüenza, las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—¿A quién más querías elegir?—preguntó Manuel.
La mirada de Manuel se volvió seria, y sus labios finos se posaron en la suave piel de su rostro, besando cada una de sus lágrimas...
—Manuel, ¿qué quieres de mí en real