—¿Quién carajo eres?— preguntó Leo, interrumpido en su intento, con una expresión molesta en su rostro. Se giró para ver a un hombre que se acercaba lentamente y se sintió aterrorizado, con las piernas temblando y sobrio al instante. Tartamudeó:—Señor Sánchez, yo... yo no sabía que esta señorita era importante para usted. Por favor, le ruego que me perdone esta vez.
El hombre llamado Moncho, al ver que Leo estaba asustado y arrepentido, soltó la muñeca de María y se arrodilló junto a Leo, suplic