La cabeza de María golpeó contra el duro marco de la puerta del automóvil, dejándola mareada y viendo destellos de estrellas doradas ante sus ojos.
Cuando se recuperó, vio claramente la familiar pero extraña cara perfilada de Nicolás sentado a su lado. En un instante, una furia ardiente se encendió en lo más profundo de su corazón.
—¿Qué diablos estás haciendo?
—Conduce.
—Después de dar instrucciones al conductor, Nicolás se volvió hacia ella. Sus estrechos ojos se fijaron en ella, destilando