En ese momento, ella solo era una mujer casada con una apariencia decente, totalmente incapaz de hacer que Manuel se sintiera tan desesperado como para conquistarla mediante medios despiadados.
Al ver la expresión de Nicolás, María se sorprendió involuntariamente. Su rostro estaba pálido y desgastado, con notorias ojeras debajo de los ojos, parecía casi como si estuviera bajo la influencia de drogas. Pero eso no tenía nada que ver con ella.
Las palabras de María golpearon el corazón de Nicolás,