Manuel estaba de pie frente a la pareja que se besaba apasionadamente, sus dedos largos descansaban sobre el traje, desabrochando con calma los botones y quitándose la chaqueta, que luego la colocó con elegancia en su brazo. Luego, extendió la mano para desprender con gracia la chaqueta que estaba sobre los hombros de María, arrojándola descuidadamente al suelo.
En su rostro hermoso, la expresión era increíblemente tranquila, con cejas y ojos tan encantadores que podrían encajar en una obra de a