—¿Qué… qué estás haciendo? —María miró nerviosamente hacia él, murmurando con una confianza insuficiente—. Me invitaste a comer, y es reciproco, te invito la salsa picante...
Estaban demasiado cerca, tan cerca que María podía oler la fresca fragancia en su cuerpo. Sus respiraciones se enredaban mutuamente, creando una atmósfera ambigua que la hacía sentir todo su cuerpo ardiendo.
Ella bajó tímidamente la cabeza.
De repente, su mentón fue levantado por un dedo inusualmente cálido, y al mismo tiem