Seguí acariciando a Sol un buen rato mientras Maximiliano nos veía sentado en el banco.
—¿Te incomoda estar cerca de mí? —pregunto.
—No, Mónica. —Empezó a reír. — Todo lo contrario, traté de no molestarte para no incomodarte. — dijo mirando el horizonte.
Ya era de noche. Todo estaba muy oscuro, había luciérnagas rodeando el árbol, solo estaba cansada de tanto jugar y yo feliz de tenerla, junto a mí.
—Discúlpame si te hice sentir eso. De verdad, tú no eres culpable de nada de lo que me pasó