Cristian seguía sin responder y mi mano permanecía con la camisa apretada dentro del puño, arrugándola sin pensar en todas las razones anteriores que le había dado para cuidarla. ¿Irónico no?
—Respóndeme. — le grité. — ¿te estás acostando con esa mujer?
Él volteó, miró la cocina y la apagó. Apoyó sus manos del mesón y se quedó en esa posición un buen rato, estaba pensando, pero a la vez estaba asustado, como si no pudiera ordenar sus ideas en la mente.
—Claro que te estás acostando con esa m