Lloré tanto, como no había llorado jamás en mi vida, por fin había tenido la oportunidad de tener una familia, esa familia que soñé tantas veces mientras era una niña y estaba sola en el orfanato.
Mi oportunidad de tener padres se había desvanecido, pero la de dar vida no, y aunque tenía muchísimo miedo, desde el día en el que supe que un bebé crecía dentro de mí, sabía que me atrevería a cualquier cosa por él, daría todo para ser la mejor madre que pudiera existir.
Me siento tan culpable, ta