Los ladridos de Sol detuvieron nuestro beso, Christian se movió rápido para observar por la ventana mientras yo lo veía, sentía como crecía un dolor en el pecho, porque sentía que se me iba, se me iba todo con él.
—Es el taxi. —Dijo.—Hace poco hablé con la editorial, les dije que estaba aquí, y bueno, que me había venido en tu coche. Como el mío se quedó en la fundación tengo que ir a buscarlo. —Parecía un poco apenado
—Tranquilo, te entiendo, tienes cosas que hacer, supongo que no nos veremo