—Debes soltarme ahora mismo. —Dije.
—Pero, Mónica... —Respondió Max, tomándome del brazo.
—Vete ya. —Lo miré seriamente. —Toma el permiso y vete a casa.
Bajó la mirada.
—Está bien, me iré si es lo que necesitas. —Suspiró. — Pero creo que no deberías quedarte en el hospital en estas condiciones, también estás muy afectada.
—Lo único que necesito es que te vayas. —Dije zafando mi brazo. —No te preocupes por mí, el hospital es mi único lugar seguro.
Me miró con tristeza.
—Está bien, me iré.