Capítulo 56

No sé cuánto tiempo pasó, pero yo seguía viendo su mano acariciar la mía. Me hacía sentir tan bien.

Tomó mis manos entre las suyas y apretó un poco.

—¿De verdad no existe una mínima posibilidad? —Preguntó con tristeza.

—No dejaré a mi esposo por ti, Max. —Quité poco a poco mi mano y la coloqué en mi regazo.

—Entonces déjalo por otras razones, podrías hacer eso y darme una oportunidad. —Sonrío pícaro.

—¿Qué te hace creer que funcionaría algo entre nosotros? Soy tu jefa, soy mucho mayor que
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