Tomé su mano con fuerzas, la apreté lo más fuerte que pude. No tendré la fuerza de un hombre, pero claramente lo tomé por sorpresa y eso ayudó.
—¡Aauch! —Exclamó cuando lo solté, se separó un poco de mí y al voltearme lo empujé.
—Al parecer no entiendes lo que te digo. —Dije molesta.
—La que no quiere entender eres tú, Mónica. —Dijo sacudiendo su mano. —Te gusto, te gusto mucho y lo de ahora, lo que acaba de pasar... —Señaló mi mono. — Eso también te gustó.
—Soy una mujer casada, aléjate de