62. Consecuencias del amor.
La mañana llegó con una dulzura que a Eryn le pareció casi una traición. Un rayo de sol se colaba por la ventana y acariciaba su rostro con insistencia, obligándolo a abandonar las últimas sombras del sueño. Con un quejido suave, buscó refugiarse en el calor del pecho de Evdenor, pero sus manos solo encontraron las sábanas frías y vacías.
Abrió los ojos con pesadez, parpadeando hasta que el dormitorio real cobró forma. Se frotó los párpados, aún cargados de un cansancio que no era solo físico.