El nombre recorrió las profundidades como un susurro enfermo.
Antiguo.
Hambriento.
Las sombras de las cavernas comenzaron a arrastrarse por las paredes negras en movimientos lentos, viscosos, formando grietas donde antes solo había piedra.
Sareth las sintió inmediatamente.
El vínculo en su pecho ardió.
El anciano también se tensó.
Por primera vez desde que ella lo conocía, parecía verdaderamente alarmado.
—No puede ser… —murmuró.
Un estruendo profundo atravesó la caverna.
Polvo oscuro cayó desd